lunes, 14 de julio de 2014

Sobre tecnología y sociedad

Buenas,

No es nuevo para ninguna de las personas que me leen frecuentemente ese extraño idilio que tengo con la tecnología y con el mundo que se mueve a su alrededor.

Soy un tecnófilo: es un campo que, desde niño, me ha fascinado, me ha hecho pensar sobre el presente y el futuro, soñando sobre los avances que un día vería y que, tiempo mediante, se ha ido materializando.

La tecnología me ha ofrecido grandes cosas: ha acortado las barreras físicas para con las personas que, dadas mis circunstancias vitales, se han quedado lejos de mi...

También me ha permitido conocer a personas de todos los lugares del mundo: gracias a Herramientas como el email, las redes sociales o sistemas de comunicación como la mensajería instantánea o SKYPE, sigo en contacto con personas esparcidas por medio mundo, ayudándome a, por una parte, saber de ellos y, a su vez, conocer sus circunstancias (nada como hablar con una persona de un país para conocer la realidad del mismo, aplicando, eso sí, los debidos filtros sobre su percepción de tal o cual suceso).

Pero la tecnología posee también efectos colaterales "necesarios", debidos en gran parte al perverso liderazgo que los avances técnicos han impuesto al avance social.

Uno de los campos que más rápido ha impactado a nuestro modelo relacional es, sin duda alguna, la ubicua conectividad al mundo Online, reservado apenas hace unos años al hecho físico de sentarse delante de un ordenador para utilizar dichos servicios.

¿Cuál es el impacto más visible? Lo más próximo a nuestro parecer es que las personas viven enganchadas a sus dispositivos portátiles (teléfonos y tabletas), desarrollando hábitos de comportamiento donde las habilidades sociales no son tan necesarias como en la interacción cara a cara.

Ejemplo: si estoy delante de ti, tengo poco tiempo para pensar lo que digo, de ahí que esas habilidades, así como la capacidad para construir un discurso, sean tan necesarias y apreciadas.

Detrás de una pantalla, puedes reescribir lo que estabas a punto de decir, como el bloguero que edita una frase antes de publicar su post...

Los mensajes además no tienen tono ni voz: utilizamos emoticonos para expresar felicidad, tristeza, ironía o cualquier otra emoción para colorear así las palabras que aparecen en pantalla y que, si no son debidamente utilizados, pueden llevar a terribles malentendidos.

No sólo eso: las conversaciones son asíncronas, no tienen porqué responder al tiempo real en el que una pregunta o un comentario lidera a una respuesta (me puedes escribir un comentario ahora y contestarlo a los 10 minutos o al día siguiente, según se dé).

Los niños y las personas más jóvenes han liderado este proceso: los modelos relacionales han cambiado y, por poner un ejemplo, las pandillas o grupos de amiguetes se definen ahora a través de grupos en Facebook o Whatsapp, más allá de la ubicación física de sus miembros.

Las relaciones son ahora 24X7: ya no es necesario quedar para hablar  sino simplemente enviar un mensaje que puede ser leído y respondido en cualquier momento.

Los niños ya no hablan en el autobús, sino que van todos conectados, escuchando su música, mientras hablan a través de sus pulsaciones en las brillantes pantallas de sus teléfonos (con algunos de ellos sentados justo al lado: es impactante verlo por las mañanas).

Tenemos jóvenes altamente cualificados en el uso de nuevas tecnologías y, a su vez, modelos sociales que se tambalean por una disrupción tecnológica de primer orden...

La capacidad de atención se ha visto altamente mermada: lo que hace unos años se veía venir en los altos ejecutivos que empezaron a utilizar estos dispositivos (las famosas Blackberries) y que paraban de escucharte en cuanto el cacharrero empezaba a parpadear una luz roja que informaba de que había un nuevo email en su bandeja de entrada (efecto Paulov, niños y niñas), lo vemos ahora en chavales a los que, como les pongas un texto de más de media página, dejan de leer o, peor de comprender (el famoso acrónimo "TL;DR", del inglés, "Too Long; Didn't Read": "Demasiado Largo; No lo Leí")...

La adicción a los mismos también llevan a comportamientos irresponsables: desde gente conduciendo hasta personas tomando decisiones que, completamente distraídos, pueden llegar a tomar decisiones que afecten a terceros por la completa falta de atención en aquello donde dicha cualidad es requerida.

Lo mismo sucede con los medios de comunicación: las películas tienen que tener un suceso cada 15 segundos o, de lo contrario, se les hace "lenta"...

Lo que empezó con blogs como este, donde la gente escribía sus vivencias, se ha transformado ahora en Tumblr, una red de blogs de contenido casi mínimo, sobre todo orientado a imágenes y poco más... Twitter sólo acepta 140 caracteres y en cualquier foro de internet, como escribas más de dos párrafos en una pregunta o respuesta, te acusarán de escribir "tochos", pidiéndote un resumen de una línea para evitar leer.

Esta es sin duda la parte más visible: los seres humanos somos altamente adaptables, así que sólo es una cuestión de tiempo el readaptarse a la nueva realidad social...

Las tecnologías han venido para quedarse: esto, por fortuna o desgracia, no será una moda pasajera, sino un antes y un después en nuestras sociedades.

Existe, sin embargo, una parte menos visible y muchísimo más peligrosa, como es el impacto que estas tecnologías poseen en el desarrollo cognitivo de los más jóvenes y en la gestión emocional de los más adultos...

La hiperconectividad nos ha permitido estar más cerca de otros, pero a su vez nos ha aislado: la evidente comodidad de la ubicuidad electrónica nos ha replegado tanto física como emocionalmente... Más que nunca, estamos más solos, más apartados, procesando una realidad dada a la pre-edición, donde todo sufre una filtración racional y donde todo se manipula, minimiza o magnífica en función de no ya lo que sentimos, sino lo que queremos que otros piensen que así sea...

Recientemente Facebook ha publicado un estudio que hicieron al manipular las cosas que algunos usuarios vieron durante unos días: los resultados no ofrecen lugar a la duda, estableciendo patrones de influencia emocional dado lo que los usuarios pueden leer de sus contactos.

La realidad es que no estamos preparados para un mundo donde las personas no se miran a los ojos: resumimos cualquier interacción o posible expresión positiva pulsando el botón de "Me gusta", escribimos cosas que quizás no sentimos, ponemos una carita sonriente y todo es felicidad virtual, ocultando quizás lo que podemos sentir en ese momento.

Hace unos meses que frecuento un foro de internet (uno de los más grandes del mundo): más allá de los hilos con comentarios de toda índole (y con todo lo que ello supone), a veces me sorprende que alguien hable de su terrible soledad, expresada en actos tales como no tener con quién hablar, a pesar de tener 300 contactos en el Facebook o el Whatsapp...

Nuestras amistades son virtuales y, con ellas, nuestros sentimientos, así como nuestras expresiones de adhesión o de acción para tal o cual causa (nada como quedar una quedada en Internet, donde mil personas dicen que van y  en el 90% de los casos aparecen 20 o 30)...

Protestamos retuiteando frases regurgitadas por terceros: no existe movilización social, más allá de enviar email o postear algo en Facebook para expresar tal o cual posición en tal o cual aspecto...

Nuestro concepto de privacidad también ha cambiado: vivimos constantemente en un estado de "que conste en acta", donde todo lo que escribimos o contamos puede y será usado en nuestra contra por aquellos que lo puedan ver...

Y esto también tiene su miga: la privacidad es un derecho humano, al que parece que millones de personas han decidido renunciar para poder mantener una cierta conexión social que, de otra forma, gracias al tiempo o la distancia, sólo se mantendrían si fueran realmente ciertas y queridas...

Siempre quedaremos algunos locos que, a sabiendas de todo eso, intentamos mantener algunas cosas bajo control: cuidar lo que publicamos o hacerlo con cierto cuidado, proteger nuestra vida dentro de los márgenes de lo que puede ser razonable, y mantener un cierto balance sobre esa droga adictiva que es la disponibilidad constante a través de internet (vivo offline fuera del trabajo o fuera en general de cualquier techo: sólo me conecto a la red en mi casa o los hoteles donde pueda hospedarme pero, desde éste último sábado, he establecido un "día sin cacharros", donde no uso ni el teléfono o el iPad, permitiéndome el uso del Mac sólo para ver películas que tengo en un disco duro, nada más).

Me gustaría conocer tu opinión: ¿Cómo lo ves tu? ¿qué piensas?

Un abrazo y espero que contestes a esta pequeña petición :-))

Un abrazo: ¡Ámsterdam prevalece!